¿Cómo fue posible que Falcao, estrella del Atlético y del fútbol mundial, renunciase a jugar Champions con un grande de España, para fichar por un recién ascendido de la liga francesa, recién adquirido por un millonario ruso? La respuesta es sencilla: gracias a los fondos de inversión. ¿Cómo funcionan, qué servicios ofrecen? Gestión de patrimonio, asesoría, representación, préstamos, inversiones y compra-venta de jugadores.
El proceso consiste en detectar un
jugador, casi siempre a través de un agente de jugadores. Luego los socios de
ese fondo invierten en ese futbolista, adquiriendo la totalidad o parcialidad
de sus derechos. A partir de ahí, esos fondos, en su mayoría están radicados en
paraísos fiscales, ofrecen el jugador a los clubes, compartiendo los derechos
económicos. El objetivo, que el futbolista se revalorice, hasta que un tercero,
de mayor poder adquisitivo, lo compre. En la mayoría de los casos, los fondos
invierten en jugadores, compran el 50% de sus derechos económicos, comparten el
riesgo con el club (propietario del 100% de los derechos federativos, porque si
no, el jugador no podría inscribirse en la LFP), y se llevan la parte
proporcional de la plusvalía que genera el futuro traspaso. En caso de que el
jugador no sea vendido en el plazo establecido, el club devuelve el dinero con
intereses. El Atlético, en su día, no compró a Falcao. Más bien, lo alquiló,
siendo consciente de que, algún día, el fondo, que era su verdadero dueño, querría recuperar su inversión y sacar una
plusvalía. Negocio redondo para los tenedores de los derechos de los
futbolistas, con los que especula...
Los fondos de inversión
han llegado para quedarse. Hoy día, más de 60 futbolistas de nuestra Liga
pertenecen a un fondo de inversión. Doyen Sports Investments aparece como el
fondo más popular y reconocido. Primero prestó financiación patrocinando a
Sevilla, Sporting,Getafe y Atlético, para, más tarde, multiplicar sus
tentáculos firmando a un nutrido grupo de jugadores en la Liga, al margen de
expandirse en Europa y Brasil. El fondo de los fondos, la sospecha de los
aficionados: el fútbol se ha convertido en un mercado persa. En un bazar de
compro, vendo, cambio, donde la cosa va de contar billetes y no de levantar
títulos. El caso del Atlético, convertido en una especie de agencia de
compra-venta de jugadores por Gil Marín y Cerezo, es el más relevante. El
Atlético fichó a Elías en invierno de 2010 con la participación de un fondo de
inversión por 7,5 millones €. Lo vendió, en la pretemporada de 2011, anunciándolo
el día después de que el jugador hubiera metido un gol clave para que el
Atlético siguiera disputando competiciones europeas. Lo vendió por 8.8 M€, en
una operación que arrojó una plusvalía de 1.3M€. Después, por la ribera del
Manzanares se tuvo conocimiento, gracias a las investigaciones del periodista
José Marcos en El País, de los sorprendentes casos de Silvio, Pizzi o Micael
(las trillizas de Jorge Mendes), o el de Samson Olaleye (un nigeriano que
jugaba en la liga de Vietnam y que nada más fichar por el Atlético, fue cedido
al día siguiente al Sporting de Braga, equipo para el que tampoco llegó a jugar
para acabar recalando en otro modesto club vietnamita). El caso de Julio Alves
es de Expediente X. El presidente del Río Ave luso se lo vendió al Atlético por
2.5 M€, el Atlético le incribió en la LFP y en cuestión de horas, decidió
traspasarle al besiktas turco (otro de los clubes donde opera el inefable Jorge
Mendes) por 3.1 M€. Gracias al apoyo y la financiación de los fondos de
inversión, después de varios movimientos opacos e inexplicables en el mercado,
el Atlético sigue funcionando como una puerta giratoria.
Hay más. Otro negocio
redondo ha sido el de Geoffrey Kondogbia, la perla del Sevilla, que en su día
le contrató compartiendo derechos al 50% con Doyen. Durante las tres primeras
temporadas, los sevillistas no tenían que pagar por el fichaje del jugador,
para abonar unos 3M€ en el cuarto año. De ese modo, si el Sevilla decidía
traspasar al jugador en sus tres primeros años como sevillista, percibiría el
50% de la operación. Dicho y hecho. Kondogbia fue traspasado este verano al
Monaco, como Falcao. El Sevilla, que lo compró por nada, puso el cazo y cayeron
10M€, el 50% de la cláusula de rescisión que finalmente, acabó desmbolsando el
Mónaco. A día de hoy, el fondo de inversión aclara en su web oficial que
“cualquier decisión sobre el traspaso del jugador depende únicamente del
Sevilla y del futbolista. Circunstancia que se repite con todos los jugadores
de Doyen”. ¿De verdad alguien podría llegar a creer que Kondogbia habría sido
capaz de decir no al Mónaco, cuando el club y el fondo estaban ante una
oportunidad brutal de hacerse de oro? El fondo quería rentabilizar su inversión
y el Sevilla, suturar su agujero en tesorería. Listo.
La última aparición
destacada de los fondos de inversión ha lleghado con el fichaje de Pabón por el
Valencia. De los 7.5M€ que desembolsó el club, Doyen Group cubrirá el 50%
(aportando un capital de unos 3.75) según la Cadena SER. La operación arrojaría
un interés del 10% para el Valencia (más de 300.000 €/año). El Valencia paga un
interés del 10% anual (375.000 euros al año), tiene hasta junio de 2015 para
devolver el dinero prestado y obtener el 100% de los derechos del jugador. A
partir de entonces, en la tercera y cuarta temporada el club estará en la
obligación de aceptar cualquier propuesta – ojo, cualquiera- que el fondo de
inversión, Doyen, planteara. Y si Pabón se revaloriza y el Valencia decide
vender por más de lo que le costó, esos 7.5M€, Doyen recibiría el 50% del
importe de esa venta. Además, también cobraría la mitad del dinero si el
Valencia vende al colombiano por menos de 7.5M€. De ser así, el club abonaría a
Doyen la diferencia, hasta alcanzar los 3.75 M€ que el fondo aportó.
Básicamente: el fondo jamás pierde dinero.
La fórmula de los
fondos de inversión en el fútbol es legal en Portugal, España o Turquía, pero
está prohibida en Reino Unido. ¿Por qué Inglaterra decidió sacar tarjeta roja a
la multipropiedad? En el año 2006, Tévez y Mascherano, propiedad del
Corinthians brasileño, firmaron por el West Ham por una cantidad que nunca fue
aclarada. En aquellos instantes, los hammers, un club modesto, estaban luchando
por no descender. El fichaje de ambas estrellas fue un shok para el mundo del
fútbol y levantó las sospechas de las autoridades inglesas. Era un movimiento
más que raro. En realidad, los derechos de Tévez eran propiedad de dos fondos
de inversión, mientras que los de Mascherano lo eran de otros dos fondos
diferentes. Los cuatro fondos, las cuatro empresas, eran de Kia Joorobchian, un
empresario iraní. Ante esa operación, el fútbol inglés reaccionó con dureza:
multó al West Ham con 5 millones de libras y tuvo que abonar una compensación
millonaria al Sheffield por Tévez. Después del escándalo, la F.A prohibió las
propiedades de terceros, cerrando la puerta a los fondos de inversión.
La multipropiedad abre
la puerta a una posibilidad muy peligrosa: que los clubes en apuros económicos
aceben siendo controlados por los dueños de los fondos de inversión. ¿Qué hay
de los jugadores? El fondo busca ganar dinero, recuperar su inversión inicial y
si hay oportunidad, multiplicar sus beneficios. Mercadear a favor de su
interés, en contra de la estabilidad del jugador. ¿Qué opinión le merecen estas
prácticas al sindicato de jugadores? ¿Qué tiene que decir la AFE de la
irrupción de los fondos de inversión? Sería interesante su participación en un
debate que afectará las estructuras del mercado español y su composición. ¿Es
bueno para los profesionales que sus derechos sean propiedad de entidades que
provocan inflación el mercado? ¿Estos fondos, limitan la voz y el voto los
futbolistas? ¿De verdad un jugador de fútbol que pertenece a un fondo durante
años, se atrevería a negar su venta cuando el club y el propio fondo ven una
oportunidad de negocio? Al fin y al cabo, uno de los principales objetivos de
AFE debería ser preservar el derecho a decidir del jugador.
En diciembre del año
pasado, UEFA decidió prohibir la titularidad de jugadores a terceros, poniendo
el acento en una “cuestión de principios”, para calificar estas prácticas como
“una amenaza para el fútbol”. Es más, solicitó a FIFA que se pronunciase,
advirtiendo que la prohibición de los fondos de inversión en el fútbol europeo
se haría efectiva en un plazo de 3-4 temporadas. Objetivo: espantar la
multipropiedad y la especulación. La LFP, en cambio, es partidaria de los
fondos. Así lo expresó su presidente, Javier Tebas, en Estudio Estadio. En su
opinión, los fondos de inversión, “si son transparentes y están regulados”
podrían ser un instrumento positivo para los clubes, ya que la multipropiedad
disminuiría los tipos de interés, ayudaría en época de crisis y generaría
competencia. Sería una solución a las restricciones económicas de los clubes. Así
que mientras el organismo que dirige Tebas estudia fórmulas para regular esos
fondos y utilizarlos como instrumento integrador, se formulan muchas
interrogantes: ¿por qué motivo España tiende la mano a los fondos cuando en
Inglaterra están prohibidos? ¿qué razón existe para que la LFP vea con buenos
ojos los fondos de inversión cuando la UEFA apuesta por su prohibición en un
periodo de 3-4 años? ¿Cuantos jugadores de un mismo fondo podría tener cada
club? ¿qué multipropiedad y porcentajes serían los estándar? ¿habría limitación
de operaciones con fondos durante la temporada? Si los fondos se asientan ¿qué
pasará cuando la misma corporación posea los derechos económicos de varios
jugadores de distintos equipos? ¿quieren los aficionados un fútbol donde el negocio
consista en que los jugadores cambien de club con frecuencia, haciendo ricos a
terceras partes implicadas? ¿es ético que un grupo de clubes, que viven
endeudados, ahora dependan de inversiones de terceros para adquirir jugadores
que no pueden permitirse por su mala gestión?
A la espera de esa
regulación anunciada por Tebas en Estudio Estadio, los aficionados siguen
haciéndose preguntas acerca de la verdadera naturaleza de un fenómeno que, por
ahora, se ha desarrollado más cerca de la opacidad que de la cacareada
transparencia. Las empresas aseguran que corren un alto riesgo con sus
inversiones, que ofrecen financiación y que no interfieren en las decisiones
deportivas de los clubes. La LFP señala que los fondos, siempre desde la
transparencia, serían una fórmula válida para los clubes, que tienen difícil
acceder a los créditos de los bancos. Permitirían mantener la competitividad de
las plantillas, reorganizar la deuda y garantizar que ningún club pudiera verse
abocado a la desaparición. La cuestión es ¿cuánto tardarán los fondos en tener
un montón de jugadores repartidos en varios equipos? ¿cuánto tardarán en
proteger sus inversiones sin que entren en conflicto con intereses deportivos
de los clubes? ¿qué sucederá cuando haya un choque de intereses entre dos
fondos con intereses opuestos? ¿es sostenible la credibilidad de un campeonato
donde se compran jugadores por intereses económicos, en vez de por necesidades
deportivas? ¿cuánto tardarán en advertir a las jóvenes estrellas que, o firman
con un fondo, o se cerrarán la puerta a los grandes contratos? ¿cuánto van a
tardar estos nuevos fondos de inversión en ser participados o absorbidos por
nuevos fondos aún más poderosos? Y sin duda, la pregunta más inquietante
¿cuánto tardará el campeonato en ser una competición paralela entre clubes
deportivos y fondos de inversión? No son los fondos, son las formas.
Rubén Uría / Eurosport
Publicado por Yahoo! España

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