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| José Pekerman |
Hoy el clima alrededor suyo es distinto, al punto de lo antagónico. El encargo de los destinos del equipo a Pekerman suscita encendidas y preocupadas reacciones contra su política de puertas cerradas a la prensa, su permanente ausencia del país, su manera omnímoda de burocratizar el cuerpo técnico con un séquito de paisanos desconocidos, que a su albedrío quitan y ponen, y, lo más sensible y verdaderamente grave, el pobre desempeño de sus dirigidos.
Acaso por directrices de la Federación Colombiana de Fútbol, una de las primeras determinaciones del responsable del onceno tricolor fue tomar distancia con los medios de comunicación, a efectos de blindarse contra las preguntas, inquietudes, puntos de vista y cuestionamientos propios del cargo, que compromete los intereses deportivos del país que lo acoge con un millonario contrato en dólares, sin cláusula ninguna respecto del resultado final de su gestión.
Al menos de puertas para afuera, Pekerman ha pasado del silencio a una actitud cercana a la arrogancia, según cada tanto es abordado por el periodismo sus respuestas son evasivas y no trascienden más allá del simple saludo. Distinto de cuanto puede apreciarse en el muy discreto desempeño del equipo, pese al alto perfil futbolístico promedio de sus integrantes, nadie sabe a qué juega ni a qué pretende apostarle el director técnico argentino.
Después de muchos años de la descollante generación conducida por Francisco Maturana en los 80´s, cuando inclusive muchos de los llamados a la Selección clasificada a los mundiales de Italia-90, Estados Unidos-94 y Francia-98 no tenían el éxito ni la exposición mediática de actuar en importantes clubes del exterior, Pekerman tiene hoy a su disposición a un plantel idóneo y suficiente, una camada brillante, que de cara al Mundial de 2014 en Brasil no debería por qué estar jugando a la ley de probabilidades.
No obstante los referentes anteriores, suficientes para que la presencia colombiana en la próxima cita mundialista fuera un hecho de forzoso cumplimiento, una clasificación cantada, el camino de la eliminatoria se insinúa tortuoso, con más sombras que luces, no sólo como consecuencia de 5 de 6 puntos vitales perdidos en casa —empate 1:1 con Venezuela y derrota 1:2 a manos de Argentina— sino por la pobreza franciscana manifiesta también en Lima —pese al triunfo de 1:0 sobre un lánguido Perú— y en Guayaquil, donde un arrasante Ecuador se impusos apenas por 1:0.
Con un Falcao en la cima goleadora, como nunca el fútbol colombiano tuvo un delantero, y con una generosa cuota de artilleros de esplendor que difícilmente poseen inclusive países con mayor tradición —Jackson Martínez, Teófilo Gutiérrez, Darwin Quintero, Dorlan Pabón— un resultado distinto a la victoria frente a Uruguay en Barranquilla este 7 de septiembre resultaría absurdo, incalificable y en esa medida frustrante para la aspiración de pensar en la meta de Brasil 2014.
Vano pudiera ser, sin embargo, todo ese
potencial ofensivo, toda esa suma de destrezas, si los llamados a proporcionar
esa alegría resultan convidados de piedra en razón de que nunca llegó la asistencia del mediocampo indispensable para traducir en efectividad su el buen momento de los delanteros, si el sector defensivo de la celeste, como es apenas previsible, se hace inexpugnable. Colombia tiene los jugadores. Ahora necesita tener el equipo, el sentido colectivo.
Entonces, cabe la posibilidad de que Pekerman pueda quedar en deuda impagable con la Historia al no haber convocado, injustamente, lo cual es un despropósito, a Giovanni Hernández, cuyo concurso, no sólo para la ocasión de Barranquilla, sino para el resto de la eliminatoria, habría contribuido a resolver tanto los endémicos problemas de gol de Colombia, como los de su estructura y de funcionamiento del equipo.
En verdad, la ausencia del 10 del Júnior no ha tenido eco entre los medios, quizá por el prejuicio nacional de que laboralmente los individuos que rebasan el tope de los 35 años no son dignos de la oportunidad. En momento estelar, Hernández, más local que ninguno en Barranquilla, fue desplazado por Giovanni Moreno, jugador de altibajos y modesto presente, mandado a llamar desde el remoto e incipiente fútbol de China. Inclusive, por las características que pueda tener el siguiente compromiso, en Santiago frente a Chile, Hernández ofrece también la prerrogativa de haber jugado allí con las mejores calificaciones, toda vez que en 2007 actuó para el Colo Colo.
Con todo lo que entraña el fútbol de un jugador que marca diferencias como Hernández —riqueza técnica, humildad, sacrificio, liderazgo, convicción, visión panorámica y una media distancia privilegiada— el correo de las brujas alrededor de los asuntos de la Selección indica que la presencia de Gio Moreno obedece a un empresario argentino, con cabida en la concentración, y quien tiene entre manos la posibilidad de negociar la transferencia de este futbolista a un club fuera del mercado chino. Como es usual en estos casos, una forma de promover y de cotizar el producto —léase el jugador— es agregando a su palmarés una participación a nivel de eliminatoria mundialista.
Habrán podido, pues, más los intereses particulares de un empresario extranjero, patrocinado por un técnico ídem, lo cual ya es perverso y antiético, que las prioridades de un país para el que la Selección es patrimonio de todos. Por los últimos veinte años la opinión pública cuestionó a la rosca paisa, así llamada por el predominio de técnicos y jugadores de Antioquia en el equipo nacional. Hoy, según cabe deducir, y con las frustraciones que ello puede acarrear, el destino de Colombia está en manos de la rosca argentina. Desde los medios, ¿quién se atreve a reconocerlo, pese a la veda de información de que es objeto y a la magra actuación del seleccionado?
NOTA DE ÚLTIMA HORA: A continuación lo que, contra todo pronóstico, sería la victoria colombiana sobre Uruguay en Barranquilla, donde el cuadro celeste, cuarto en el Mundial 2010 y actual campeón de la Copa América, vio caer como castillo de naipes su invicto de 19 juegos internacionales al ser vapuleado física y futbolísticamente por el equipo de Pekerman:
Recomendado:
Estadísticas de todo el fútbol en el siguiente enlace:
http://www.futbolya.com
Entonces, cabe la posibilidad de que Pekerman pueda quedar en deuda impagable con la Historia al no haber convocado, injustamente, lo cual es un despropósito, a Giovanni Hernández, cuyo concurso, no sólo para la ocasión de Barranquilla, sino para el resto de la eliminatoria, habría contribuido a resolver tanto los endémicos problemas de gol de Colombia, como los de su estructura y de funcionamiento del equipo.
| Giovanni Hernández |
Con todo lo que entraña el fútbol de un jugador que marca diferencias como Hernández —riqueza técnica, humildad, sacrificio, liderazgo, convicción, visión panorámica y una media distancia privilegiada— el correo de las brujas alrededor de los asuntos de la Selección indica que la presencia de Gio Moreno obedece a un empresario argentino, con cabida en la concentración, y quien tiene entre manos la posibilidad de negociar la transferencia de este futbolista a un club fuera del mercado chino. Como es usual en estos casos, una forma de promover y de cotizar el producto —léase el jugador— es agregando a su palmarés una participación a nivel de eliminatoria mundialista.
Habrán podido, pues, más los intereses particulares de un empresario extranjero, patrocinado por un técnico ídem, lo cual ya es perverso y antiético, que las prioridades de un país para el que la Selección es patrimonio de todos. Por los últimos veinte años la opinión pública cuestionó a la rosca paisa, así llamada por el predominio de técnicos y jugadores de Antioquia en el equipo nacional. Hoy, según cabe deducir, y con las frustraciones que ello puede acarrear, el destino de Colombia está en manos de la rosca argentina. Desde los medios, ¿quién se atreve a reconocerlo, pese a la veda de información de que es objeto y a la magra actuación del seleccionado?
NOTA DE ÚLTIMA HORA: A continuación lo que, contra todo pronóstico, sería la victoria colombiana sobre Uruguay en Barranquilla, donde el cuadro celeste, cuarto en el Mundial 2010 y actual campeón de la Copa América, vio caer como castillo de naipes su invicto de 19 juegos internacionales al ser vapuleado física y futbolísticamente por el equipo de Pekerman:
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