sábado, 14 de julio de 2012

Santa Fe, de fiesta... ¡anticipada!

Con un delirio adelantado al momento en que el árbitro Wilmar Roldán, el No. 1 de los referís en Colombia, señale el centro del campo para setenciar el final del juego ante el Deportivo Pasto, media Bogotá festeja sin concesiones el sueño de la estrella número siete para el Independiente Santa Fe, después de 37 años de vicisitudes y frustraciones históricas alrededor del título más largamente esperado.

Con dos días y sus noches de espera, hordas de hinchas de varias generaciones se han tomado principalmente las calles aledañas al estadio El Campín, desdeñando, sobre todo, el riesgo, siempre latente, de tener que recoger sus banderas, pendones y otros medios de propaganda en rojo y blanco alusivos a una coronación que dan por milagro acontecido.

Bajo el auspicio de buena parte de los medios de comunicación, la ocasión ha servido para rescatar momentos estelares del equipo cardenal, sumidos bajo densas capaz de polvo de olvido acumulado en casi cuadro decenios de proverbiales sinsabores, muchos de ellos con el desenlace del pan calcinado en la puerta del horno.

En medio del fragor del optimismo desbordante, la gran mayoría hace alarde de lo que considera inminente: la consagración santafereña, independientemente de las fortalezas y potencialidades de su adversario, que en la temporada 2012 se ha perfilado como uno de los mejores equipos fuera de su plaza.

"No quiero imaginarme al arquero Camilo Vargas al minuto 87 tratando de cabecear en un tiro de esquina", confiaba trémulo un comensal albirrojo a otro en una charla de café. La alusión venía a propósito de aquella jugada providencial equivalente al hoyo en uno en golf. Revelación nacional bajo los tres palos, el propio Vargas materializó en 2011 lo que es casi una utopía para un portero: surgir por entre una muralla de rivales, esta vez de Millonarios, hasta alcanzar con la frente un balón servido con precisión balística desde el corner, y colarlo por entre el único espacio disponible en el marco azul. Magnificada por tratarse del clásico capitalino, la proeza llevó al Santa Fe a las semifinales del segundo torneo del año anterior.

El nanosegundo de Dios: el portero Camilo Vargas impacta el balón que llevaría al empate y la clasificación del Santa Fe a las semifinales del segundo torneo de 2011 en el último minuto del Derby bogotano.

Una vez instalados en la ronda siguiente, los primeros campeones del fútbol colombiano ((1948) estuvieron a sólo 90 minutos de acceder al juego por el título, pero, contra todo pronóstico, sucumbieron de locales ante el Once Caldas (1:2). El resultado se dio cuando los corazones rojos aún no cicatrizaban del infarto que produjo el gol de Wilder Medina en la agonía del choque ante el Deportes Tolima (0:1) en El Campín un año atrás, cuando un empate habría colocado al Santa Fe en la antesala de la esquiva estrella siete.

No obstante su prontuario de tristezas, en medio de coros y trompetas hoy la novia santafereña tantas veces plantada en el atrio sigue ahí, bajo la lluvia anticipada de arroz y de serpentina, presagio respectivo de prosperidad y de alegría, mirando extasiada al cielo...

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