viernes, 20 de noviembre de 2009

Nostalgias, simplemente...

Versión 1958 del Independiente Santa Fe, campeón del rentado. Parados, de izquierda a derecha: Juan Carlos Pellegrino (argentino), Carlos Alberto Bolla (argentino), César Alvarez, Manuel Pacheco, Hernando Reyes y Carlos Rodríguez. Abajo, en el mismo orden: Mario Bustamante, Alberto Perazzo (argentino), Juan José Ferraro (argentino), Osvaldo Panzutto (argentino) y Rodolfo Bedialle (argentino).

Para la generación capaz de reconocer a este equipo, es inevitable evocar tiempos de leyenda, de tango y boleros, y en el fútbol, a reconocer que los suyos fueron años privilegiados gracias a la inexistencia de fenómenos atroces de hoy, como el imperio de las barras bravas, la mafia de las apuestas, los intereses turbios en materia de arbitrajes o los derivados del condicionante factor comercial.

En esencia, mucho menos mecanizado y aunque en cámara lenta comparado con el actual, el fútbol de entonces llevaba la impronta del buen manejo técnico y del culto al buen trato del balón, razones, entre otras, para que el "talento" —como se dice ahora— no fuera una flor exótica y sobre todo para que el juego hiciera honor a su precepto natural: Hacer goles, ¡muchos goles!

A la luz de los escenarios del presente, dotados de todo un portafolio de servicios, prerrogativas y tecnologías que halagan a espectadores, protagonistas y medios de comunicación, los estadios de entonces eran apenas escuálidas réplicas de la edad griega o romana. Al menos a nivel de eventos FIFA hoy presente casi hasta en las neuronas de unos y otros, el gran socio del fútbol, la televisión, la de entonces en Colombia oscilaba entre el mito al que accedía menos del 0.3 por ciento de la población y la gran utopía popular, mitigada por la alternativa de la radio.

Así como las camisetas de los futbolistas del siglo XXI son un dechado de tecnología y verdaderas vallas publicitarias, las muy austeras del pasado eran para cada jugador una única prenda entre enero y diciembre, aún al precio de acabar desteñidas. Por cierto, la moda fair play del intercambio de las mismas al cabo de los 90 minutos, ayer habría sido capaz de poner en aprietos al administrador del club.

Con raras excepciones, los hinchas de entonces concurrían a los estadios con una devoción casi conventual por su tradición, colores e íconos. Contrario a la puesta en escena actual en las tribunas —todo un ritual de desenfreno hasta la sangre— por aquel entonces se iba a fútbol como asiste la feligresía al culto, necesariamente a partir de la mística y de la convivencia, y por lo mismo, también del disfrute y de la fiesta.

Como quieran verlo las generaciones —para bien o para mal del espectáculo— con algo de filosofía o de exageración habría que admitir que la cifra de los 22 hombres en pugna y el balón como instrumento constituyen los escasos referentes comunes entre el fútbol del ayer y el de hoy.

Enlace:
http://www.futbolsiemprefutbol.com/campeonato1958.htm

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